La final soñada

Los aplausos brotan de manera espontánea al escuchar una frase que difícilmente se puede olvidar: “La Bombonera no tiembla; la Bombonera late”. Fue el cierre del discurso de un guía turístico que, sin quererlo, emocionó a un puñado de fanáticos que luego se perdió entre el peregrinaje de cientos de hinchas que desde ayer comenzaron a invadir el barrio de La Boca. Vienen a disfrutar el “partido del siglo”, la gran final entre Boca Juniors y River Plate.

El ambiente es mágico. La fiesta será total. El azul y amarillo invaden completamente las calles que, de cuando en cuando, despiertan con los cánticos de los fanáticos xeneizes, quienes comienzan a calentar el duelo ante los millonarios. La expectación crece a medida que pasan las horas. Ya nada importa a esta altura. Ni los 35 grados de calor, ni la exagerada reventa que llegó hasta los 4.200 dólares por una preferencial, ni la huelga aeroportuaria que recibió a cientos de hinchas en Ezeiza y Aeroparque, y que los tuvo más de tres horas tratando de ingresar a la ciudad. Todo gira en torno al fútbol. Y nadie se quiere perder la fiesta.

Las expectativas son inmensas. Acorde a lo que es: un espectáculo de nivel mundial. Las autoridades deportivas quisieron apaciguar las pasiones y evitar lo que muchos temen: un revanchismo inusitado acorde a la rivalidad histórica entre ambos clubes. “No es más que un partido de fútbol, donde hay que transmitir buenos valores. Siempre habrá un ganador. Lo importante es saber que el fútbol siempre da revanchas”, advirtió el presidente de Conmebol, Alejandro Domínguez.

En total serán 28 medios de todo el mundo quienes estarán presentes en el evento. La autoridad resguardará La Bombonera, el Obelisco y todos los objetivos donde pudiesen producirse desmanes. La final soñada no solo paralizará a Argentina, si no que a todo el mundo del fútbol.