Un llamado a los republicanos a repensar su estrategia

En mi columna anterior observé que en la historia de elecciones congresuales en Estados Unidos el partido que ganó la presidencia dos años antes experimenta mayores pérdidas. Una vez más la historia se repitió aunque con algunos atenuantes.

Los republicanos perdieron la mayoría en la Cámara pero aumentaron la mayoría en el Senado y lograron victorias importantes en la Florida donde Rick Scott es el aparente ganador del escaño senatorial defendido por Bill Nelson, aunque la elección esta sujeta a un recuento. También Ron de Santis derrotó a Andrew Gillum para gobernador.

El Presidente Trump fue criticado por hacer de la cuestión de inmigración el tema principal en los últimos días de la campaña y, aunque la forma en que lo hizo no fue ideal, está claro que el país tiene que fortalecer la forma en que mantiene sus leyes de inmigración y buscar mayor cooperación del lado demócrata.

La campaña demócrata contra la nominación del juez Brett Kavanaugh a la Corte Suprema, que yo he descrito como “ el circo Kavanaugh”, le hizo daño a las aspiraciones demócratas. Tres senadores que votaron contra Kavanaugh, Claire McCaskill en Missouri, Joe Donnelly en Indiana y Heidi Heitkamp en Dakota del Norte, perdieron sus escaños. Un cuarto senador, Joe Manchin (West Virginia) votó por Kavanaugh y retuvo su escaño.

Republicanos y conservadores deben celebrar estos resultados pero deben tener cuidado en no ignorar las malas noticias. Perder la mayoría en la Cámara casi asegura que la posibilidad de aprobar legislación conservadora en los próximos dos años o más es prácticamente nula, y aún en una época de poder administrativo, hay límites en cuanto a lo que el presidente pueda hacer para desregular o reformar programas federales.

La elección también reveló debilidades en la coalición republicana, especialmente en los suburbios. En las tres elecciones presidenciales que los republicanos han ganado en este siglo, un total de 364 millones de votos fueron registrados. Un cambio de 105,000 votos ( 0.02 por ciento) pudo haber cambiado los resultados. La victoria de Trump en 2016, impresionante en muchos aspectos, dependió principalmente en un oponente débil.

El Presidente Trump y los republicanos en el Congreso han logrado importantes victorias conservadoras, pero no han logrado impulsar el crecimiento de la coalición republicana. El propio Trump ha alejado del partido a muchos graduados universitarios de los suburbios que acostumbraban a apoyar al Partido Republicanos, y los republicanos del Congreso no han ganado la lealtad de la clase trabajadora demócrata que respaldó a Trump en 2016. Para ganar las elecciones de 2020, retener la presidencia, el Senado y recuperar la mayoría en la Cámara, tienen que atraer esos dos grupos.

Los republicanos deben encontrar la vía, en los próximos dos años, de atraer a los demócratas recién electos en distritos moderados y revelar el extremismo de un sector del Partido Demócrata sin enajenar a la población suburbana. Quizás ayudaría si los republicanos enfocan el debate de inmigración en los patronos que emplean a inmigrantes indocumentados.

Los conservadores deben estar muy satisfechos por sus victorias en el Senado, especialmente si ocurre otra vacante en la Corte Suprema. Pero con competencia más fuerte por el Senado en 2020, la historia será diferente.

Si los republicanos no leen las señales de las elecciones de la semana pasada, las próximas elecciones pueden salir mucho peor.

AGonzalez 03@live.com