Democracia

Hace una semana The Economist Intelligence Unit publicó el índice de calidad de la democracia 2018, que clasifica 167 países a partir de 60 indicadores agrupados en cinco categorías: proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, libertades civiles, participación política y cultura política democrática. Según el estudio, tan solo un 4.5 por ciento de la población mundial vive en una democracia plena. Encabezadas por Noruega, solo existen 20 democracias plenas en el mundo. Aproximadamente la mitad de la población mundial vive en algún tipo de democracia y un tercio vive en regímenes autoritarios.

Las cifras del informe indican que la democracia liberal ha detenido su retroceso. Sin embargo, este estancamiento no puede ser un presagio de que vamos a un mejor puerto. Un creciente número de ciudadanos en todo el mundo ha comenzado a atribuir menos importancia a vivir en una democracia, incluso, se han abierto a alternativas autoritarias.

Las democracias liberales están fracasando en su intento de mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos y, en algunos casos, lo están empeorando. El futuro resplandeciente, con abundancia y estabilidad, que traerían las instituciones democráticas no concuerda con los resultados.

De ahí que surjan movimientos populistas que rechazan la democracia liberal. Como lo hemos visto en las elecciones recientes en todo el mundo, el discurso antisistema abanderado por candidatos y partidos políticos extremistas han logrado avances en el continente Americano y Europa.

El autoritarismo presente en gran parte de Asia y Europa del Este está haciendo retroceder los avances democráticos ganados en la última década. El malestar generalizado con el ideal democrático está produciendo comunidades políticas desorientadas, con divisiones ideológicas y partidistas que se intensifican y ocasionan mas ruido y confusión.

Hay serios motivos para aducir este retroceso, en los últimos 25 años, las democracias consolidadas han pasado de una economía vigorosa a una posición de debilidad económica sin precedentes, su participación en la economía mundial está disminuyendo. Países considerados “no democráticos” como Rusia, China y Arabia Saudí, están por superar su participación en el ingreso global a las democracias liberales occidentales.

De los 15 países del mundo con el ingreso per cápita más alto, casi dos tercios no son democracias. Pareciese que el camino hacia el progreso ya no tiene que ir de la mano con la democracia liberal. Es por ello, que las democracias son cada vez menos atractivas, ya que dejan de asociarse con la riqueza y el desarrollo y se ven incapaces de resolver sus propios desafíos.

También en el informe de The Economist encontramos una paradoja, a pesar de que la democracia retrocede en todo el mundo, la participación política parece estar aumentando, probablemente se deba al hecho de que cada vez más personas son conscientes de que la democracia está bajo amenaza.