"Cultura de la leña" debe acabar en el sur de Chile para bajar contaminación

La “cultura de la leña”, una práctica muy arraigada en el sur de Chile, donde sus habitantes la usan principalmente para cocinar y calentarse, deberá ser erradicada progresivamente si se espera que varias ciudades del país salgan de un listado como las más contaminadas de Sudamérica.

“Va ser muy difícil cambiar la cultura en esa zona. La leña en la cocina, por muy rústico que parezca, le da una calidez especial a los hogares, la gente se reúne en torno a la cocina a leña y ello ocurre desde tiempos muy remotos”, señaló la doctora Nelly Alvarado, especialista en Salud Pública.

Alvarado destacó que, si bien el uso de la calefacción a leña es común y primordial en regiones como Los Lagos, La Araucanía, Maule y Bío Bío, entre otras, es hora de ir inculcando a sus habitantes de que es un combustible nocivo y si la leña esta húmeda “genera un nivel de combustión mucho más nocivo”.

“Por lo tanto es una mirada y un trabajo que requiere de una fuerza mayor, no solamente de un Ministerio de Salud o de un Ministerio del Medio Ambiente, sino que requiere fundamentalmente de cambios culturales además de los estructurales”, subrayó la profesional.

Alta contaminación

Según un informe proporcionado por la organización ambientalista Greenpeace, las ciudades chilenas de Padre Las Casas, Osorno, Coyhaique, Valdivia, Temuco, Linares, Rancagua, Puerto Montt, todas en el sur de Chile, y Santiago, son las nueve urbes más contaminadas en Sudamérica.

El estudio, publicado por IQAir Air Visual, evaluó la calidad del aire con base a los niveles existentes de partículas finas, más conocido como PM2,5, compuesto de partículas muy pequeñas en el aire con un diámetro 2,5 micrómetros, aproximadamente 1 diezmilésima de pulgada.

El informe, que mide la cantidad de polución por metro cúbico, estima que desde las 60 unidades es considerado “insalubre”.

En este ámbito, Coyhaique, 1.720 kilómetros al sur de Santiago, fue la única ciudad chilena que registró un estado “muy insalubre” en julio de 2018, al marcar 166,8 puntos.

La medición solo consideró a países de la región como Perú, Colombia y Brasil, ya que son quienes cuentan con suficientes datos para realizar la medición.

Para la doctora Alvarado, la contaminación del medioambiente es un precio caro que pagamos todos los habitantes por el “mayor progreso” de un país.

“Más construcción, más vehículos, todo implica más contaminación, pero también se da la paradoja que en los sectores rurales allí el progreso no ha llegado pero hay una gran contaminación que tiene que ver con esa costumbre tan arraigada como es el uso de la leña, pero finalmente, muy nociva”, enfatizó.

Mejores alternativas

Por otro lado, la profesional recordó que en el sur de Chile hay también muchos hogares de extrema pobreza que se temperan con braseros a carbón.

“Eso es puro monóxido de carbono, eso no es solamente material particulado, sino que es prácticamente un material letal para las personas que están sometidas a ese calor con ese tipo de combustible”, advirtió.

Recalcó que en este caso se vuelve a hacer patente el tema de la “cultura de la leña”, porque quitarle a un sureño la cocina a leña es “como quitarle esa cosa que es maravillosa de ver”, tanto del punto de vista de la cultura como del punto de vista de la historia “es algo muy difícil de cambiar”.

Entonces en esta materia, dijo, se requiere un trabajo de varias miradas, no solamente de los ingenieros, de los políticos y de los médicos, fundamentalmente de los salubristas.

“Debemos educar y concientizar. Es decir, las personas deben saber que la leña o esa calefacción a leña que es tan maravillosa, tan linda, tan cálida, que también gusta muchos a los turistas, y a su vez hace muy mal”, agregó.

Para Alvarado, la tarea prioritaria del Estado como conjunto “es precisamente educar a las personas” en esta materia, pese a que resulte difícil.

Aunque Santiago también figura entre las nueve ciudades más contaminadas, para la doctora Alvarado la capital, con 7,2 millones de habitantes “tiene ahora un aire mucho más respirable que lo que era hace 25 años”.

“Con todas las medidas que se han hecho o han tomado las autoridades se ha reducido mucho el nivel de partículas finas y los servicios de urgencias en Santiago ya no se ven atestados de niños con mascarillas haciendo esfuerzos por respirar como años atrás”, añadió.

No obstante, para la magíster en Salud Pública, el crecimiento explosivo de edificios en Santiago se ha transformado en los últimos años en uno de los grandes contaminantes en la urbe, ya que el polvo que levanta el proceso de construcción es peligroso para el ser humano.